Las entidades públicas podrían ser las primeras en avanzar con préstamos en moneda estadounidense. Los bancos privados nacionales también analizan sumarse, aunque el riesgo cambiario y la incertidumbre electoral anticipan un comienzo cauteloso.
El sistema financiero se prepara para ampliar la oferta de créditos en dólares a empresas, luego de la flexibilización regulatoria que abre la posibilidad de financiar a sectores que no necesariamente generan divisas de manera directa. Los bancos públicos aparecen como posibles impulsores de esta nueva etapa, mientras que entidades privadas nacionales ya estudian cómo ingresar al mercado.
El movimiento podría modificar un segmento que durante años estuvo concentrado principalmente en bancos internacionales y compañías exportadoras. Ahora, las entidades de capital nacional ven una oportunidad para competir por clientes corporativos que tradicionalmente operaron con la banca extranjera.
Sin embargo, el cambio no implicaría una apertura indiscriminada del crédito. Dentro del sector financiero predomina la cautela ante el riesgo de prestar dólares a empresas cuyos ingresos están principalmente denominados en pesos.
Entre los primeros sectores bajo análisis aparecen las desarrolladoras inmobiliarias, aunque las áreas de riesgo de los bancos evalúan especialmente la capacidad de repago, los flujos de fondos y las garantías disponibles antes de avanzar.
Los bancos públicos podrían marcar el camino
Una de las posibilidades que maneja el mercado es que las entidades públicas vinculadas al Gobierno nacional sean las primeras en ofrecer condiciones competitivas para impulsar este tipo de financiamiento.
El economista Andrés Reschini, titular de la consultora F2, consideró probable que la banca pública intente tomar la iniciativa y generar un efecto sobre el resto del sistema.
La reacción de los bancos privados dependerá también de la competencia. Si una entidad nacional de peso comienza a ofrecer préstamos en dólares y logra captar clientes corporativos relevantes, otras podrían verse obligadas a seguir el mismo camino para no perder participación.
De todas formas, el escenario económico y político aparece como un condicionante. La cercanía del proceso electoral y las dudas sobre la evolución futura del tipo de cambio hacen prever que tanto bancos como empresas actuarán con prudencia.
El riesgo cambiario, en el centro de las decisiones
Uno de los principales interrogantes pasa por qué ocurriría con los créditos ante una eventual devaluación. Una empresa que obtiene ingresos en pesos pero mantiene una deuda en dólares queda expuesta a un incremento significativo de sus obligaciones si cambia bruscamente la cotización.
Por ese motivo, los especialistas anticipan que las primeras operaciones estarán dirigidas principalmente a compañías con ingresos dolarizados, capacidad para generar divisas o una posición financiera suficientemente sólida.
También será determinante el nivel de depósitos en dólares disponible en cada entidad. La capacidad para prestar dependerá del fondeo, pero también de factores como la rentabilidad, la evolución de la mora y el nivel de riesgo que cada banco esté dispuesto a asumir.
En ese contexto, algunos analistas estiman que difícilmente las entidades utilicen rápidamente toda su capacidad prestable.
Tasas más bajas, pero con mayor exposición
Para determinadas empresas, la diferencia entre financiarse en pesos o hacerlo en dólares puede resultar considerable. Las estimaciones mencionadas en el mercado ubican una eventual tasa cercana al 8% anual en dólares, frente a costos que podrían rondar el 35% en pesos.
La comparación, sin embargo, no contempla por sí sola el riesgo cambiario. Una tasa nominalmente más baja puede transformarse en una carga mucho mayor si la empresa genera pesos y el dólar registra un salto durante la vigencia del préstamo.
El escenario político también empieza a entrar en los cálculos. Algunos especialistas advierten que las entidades podrían privilegiar operaciones cuyos vencimientos no coincidan con el período de transición hacia el próximo gobierno, ante la incertidumbre que históricamente generan esos momentos en el mercado cambiario argentino.
Una apertura gradual
Maximiliano Ramírez, director de Lambda Consultores, consideró que la flexibilización puede abrir una nueva competencia entre bancos nacionales y extranjeros por el mercado corporativo.
Las entidades cuentan actualmente con niveles importantes de liquidez y buscan alternativas para convertir esos fondos en crédito. Pero la velocidad del proceso dependerá de la estabilidad macroeconómica y, especialmente, de la confianza en el esquema cambiario.
Por eso, el escenario que predomina entre los especialistas no es el de una expansión inmediata y masiva. Los créditos en dólares podrían comenzar con empresas de bajo riesgo y fuerte capacidad de respaldo para luego extenderse hacia otros sectores.
La apertura amplía las alternativas de financiamiento para las compañías, pero también traslada una parte importante del riesgo hacia quienes tomen deuda en una moneda distinta de aquella en la que generan sus ingresos. En una economía con antecedentes de fuertes movimientos cambiarios, ese será uno de los principales límites para determinar hasta dónde puede crecer el nuevo mercado.