Al menos 359 personas murieron y más de 1.400 permanecen desaparecidas tras la crecida que golpeó la región del Himalaya. Los primeros estudios apuntan al desprendimiento de una enorme masa de hielo y rocas, mientras los científicos advierten que el calentamiento de la zona incrementa el riesgo de este tipo de fenómenos.
Las autoridades y especialistas continúan investigando las causas de las devastadoras inundaciones que afectaron a Nepal, donde al menos 359 personas murieron y más de 1.400 permanecen desaparecidas. Las primeras evidencias indican que el desastre pudo haberse iniciado con el desprendimiento de una gran masa de un glaciar en la región del Himalaya.
La principal hipótesis sostiene que el hielo y las rocas cayeron sobre un curso de agua y pudieron bloquearlo temporalmente. La acumulación habría formado una especie de represa natural que posteriormente cedió, liberando de manera repentina un enorme volumen de agua, sedimentos y escombros hacia las poblaciones ubicadas río abajo.
El Servicio Geológico de Estados Unidos detectó un derrumbe glaciar de magnitud 5,2 a partir del análisis de estaciones sísmicas e imágenes satelitales. Los investigadores, sin embargo, remarcan que los estudios todavía son preliminares y que continúa el relevamiento para determinar con precisión cómo se desencadenó la tragedia.
Una crecida de hasta nueve metros en media hora
La magnitud del fenómeno dejó prácticamente sin margen de reacción a quienes se encontraban en las zonas afectadas. Según investigadores citados en el informe, el nivel de algunos ríos aumentó hasta nueve metros en apenas 30 minutos.
Una de las posibilidades analizadas es que el desprendimiento haya alcanzado el Lhende Khola, afluente del río Bhote Koshi. El impacto habría desplazado grandes cantidades de agua y arrastrado material de las montañas, generando una cadena de acontecimientos que terminó en una inundación repentina.
El desastre también provocó importantes daños materiales. Viviendas quedaron destruidas y se registraron consecuencias sobre carreteras, puentes, edificios y represas hidroeléctricas. La infraestructura energética es uno de los puntos de preocupación, ya que una parte significativa de la producción eléctrica de Nepal se concentra en el valle afectado.
El papel del cambio climático
Los especialistas advierten que todavía no puede atribuirse directamente este episodio al cambio climático, aunque sí existe una preocupación creciente por las transformaciones que está atravesando el Himalaya.
El aumento de las temperaturas está acelerando el retroceso de los glaciares y modificando la estabilidad de las montañas. A medida que desaparece el hielo, quedan expuestas rocas que antes estaban contenidas por los glaciares y que pasan a sufrir lluvias y sucesivos procesos de congelamiento y descongelamiento.
A esto se suma el deterioro del permafrost, que puede debilitar todavía más las laderas y favorecer desprendimientos.
La región del Hindu Kush Himalaya concentra más de 63.000 glaciares y constituye una fuente de agua fundamental para varios de los principales sistemas fluviales de Asia. Según las investigaciones citadas, el ritmo de pérdida de hielo en estas montañas se duplicó desde comienzos de siglo.
El desafío de anticipar nuevas tragedias
El episodio volvió a poner en discusión los sistemas de prevención y alerta temprana en Nepal, una región que ya sufrió otros eventos vinculados con glaciares, avalanchas e inundaciones durante los últimos años.
Los especialistas consideran necesario reforzar el monitoreo, mejorar los mecanismos de advertencia a la población y acelerar el intercambio de información entre los países de la región.
El problema es el tiempo disponible: ante fenómenos de esta magnitud, una avalancha puede desencadenar un flujo de escombros, bloquear un río y provocar una inundación en cuestión de minutos.
La tragedia vuelve así a exponer la creciente vulnerabilidad de las comunidades del Himalaya frente a fenómenos extremos y el desafío de adaptar los sistemas de prevención a un territorio que, según advierten los científicos, se vuelve cada vez más inestable.