La situación económica sigue marcando el pulso social en Argentina y, según un relevamiento privado, los bajos ingresos se convirtieron en la principal preocupación para gran parte de la población, incluso por encima de la inflación.
De acuerdo a un informe elaborado por Proyección Consultores, el 49,9% de las personas encuestadas señaló que su mayor inquietud actual pasa por los salarios y la dificultad para llegar a fin de mes. En segundo lugar apareció la inseguridad, con el 40,1%, mientras que la inflación quedó tercera con el 35,5%.
El estudio también reflejó un deterioro en la percepción sobre la situación económica personal. El 75,5% afirmó que su realidad económica empeoró o continúa igual de mal en comparación con meses anteriores. Dentro de ese grupo, más de la mitad sostuvo que directamente su situación se agravó.
Las expectativas hacia el futuro tampoco resultaron alentadoras. Un 62,5% consideró que en los próximos seis meses su economía seguirá igual de complicada o incluso peor, mientras que solo una minoría expresó expectativas positivas.
Otro de los datos que expone la fragilidad económica de los hogares tiene que ver con el endeudamiento. Apenas el 35,9% aseguró no haber necesitado dinero prestado durante el último mes para cubrir gastos cotidianos.
Entre quienes sí recurrieron a financiamiento, muchos optaron por ayuda de familiares y amigos, uso de tarjetas de crédito en cuotas o pagando el mínimo, préstamos bancarios y créditos ofrecidos por billeteras virtuales.
La encuesta también mostró una percepción muy negativa sobre el contexto general del país. Más del 60% de los consultados consideró que Argentina atraviesa una crisis económica, mientras que solo un porcentaje mínimo cree que la situación es estable.
En paralelo, otro informe elaborado por Bumeran indicó que el 87% de los trabajadores argentinos considera que su salario no alcanza para cubrir las necesidades básicas. Además, el 74% aseguró que perdió poder adquisitivo durante los últimos meses.
Desde la plataforma de empleo señalaron que, pese a la desaceleración inflacionaria, la recuperación del salario real todavía no logra percibirse en la vida cotidiana de las familias, principalmente por el peso creciente de gastos fijos como alquileres, alimentos, tarifas y transporte.